Ya casi se me había olvidado el precioso domingo que compartimos Silvia Corella y un servidor firmando ejemplares de nuestras respectivas novelas en la sorprendente feria del libro de Navacerrada. Fue un día inolvidable. Compartimos el interés de un pueblo por la literatura y la fuerza de un editor, Herminio Gas. Amigos, un lugar hermoso, lectores...
¿Qué más se puede pedir?
Quizás dos ojos azules y una gran sonrisa junto a mí, pero eso también sucedió.




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