viernes, 28 de noviembre de 2008

ESPERAR

La noche me aturde -se lamenta Triste Saayi.
Preciso la soledad pero no soporto estar solo.
¿Alguien puede entenderlo?
El Hombre Desesperado se remueve inquieto en su áspero lecho.
Duerme intranquilo.
Triste Saayi le dedica un instante de su tiempo. Aún alberga mucho dolor. El Caminante, sin embargo, ha encontrado paz en el camino.
Alza la mirada. El cielo está en lucha. La luna muerta atemoriza a las estrellas. Un velo gris oculta su brillo. Triste Saayi sabe que su momento está por llegar. Nunca fue un cobarde. No lo rehuirá. Mas ahora empieza a encontrar un sentido al caminar.
Hombre Triste, nunca descansas.
El Hombre Desesperado mira desde el suelo a los inciertos ojos de Triste Saayi. No sabe interpretar lo que hay allí.
No está en mi naturaleza el descansar, amigo. Tan solo esperar me está permitido.
Igual que todos, Hombre Triste.
¿Qué...?
Esa es nuestra pena y nuestra alegría. Esperamos. Nada más sabemos hacer. Algunos son felices en el trance. Otros, para su desgracia, sufren en la espera.
¿Y qué crees que espero yo?
Nada. Todo. ¿Quién sabe? Esperas y caminas. Caminas y esperas. Caminas. Esperas... Caminas.
Y tú, ¿qué esperas?
El Hombre Desesperado sopesa la respuesta durante un suspiro. Sonríe finalmente como un niño que encontrado el fallo de la lógica de su maestro.
Hace unos días habría jurado que nada. Hoy, sorprendentemente, creo que te esperaba a ti. Esperaba tu llegada. Esperaba tu presencia. Esperaba tu espera. Caminaré contigo hasta que sepa por qué esperas. Tu espera hizo que naciera en mi interior el anhelo de una espera.
Triste Saayi asiente. Sonríe levemente. Se levanta y estira nervioso las piernas.
A veces las esperas encierrán mucho más que el tiempo perdido.

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