domingo, 29 de mayo de 2011

VERRUM, a la venta por fin

Al fin, después de tres años de inspiración entrecortada y casi un año de gestación, ha venido al mundo Verrum, tercer hijo en negro sobre blanco de Eduardo Juárez Valero.
























Para su alumbramiento ha necesitado el autor el apoyo de un buen número de colaboradores: Concha y Eva en el diseño de portada y maquetación, respectivamente; David Ortega, con la maravillosa foto de Saint Denis que copa la contraportada; Sonia, en la paciente corrección del texto final y, por supuesto, Pilar, Eduardo y Sofía, que han soportado al padre de la criatura durante tantos días de molestias, enfados, mohines y demás zarandajas, propias de esos estados de buenaesperanza.

El parto ha sido asistido por el eminente editor Herminio Gas y ha tenido lugar el pasado viernes. La criatura es hermosa. Tiene un saludable aspecto, de negro y rosa neón, terna apropiada para las más difíciles plazas. Ha pesado cuatrocientas trece páginas y es la niña de los ojos de su padre.

El padre-madre de la criatura espera poder presentarla en breve, el próximo mes (que hay muertes repentinas), bajo la cúpula de la Real Fábrica de Cristales del Real Sitio de San Ildefonso.

Se informará puntualmente de la fecha y hora del evento, así como de los orgullosos padrinos que acompañarán el evento.

domingo, 22 de mayo de 2011

José Antonio, Julio Gil-Pecharromán y el entrecot al cava sin cava

Sentados en la hermosa terraza del restaurante La Fragua, a la sombra abigarrada de esos vetustos castaños, desgranaba la personalidad de José Antonio Primo de Rivera el Maestro Julio Gil-Pecharromán. Yo, que estaba sentado frente a él, absorto como suelo absorberme en la dialéctica de los grandes, incapaz de frenar mi imaginación, asití al viaje de mi otro yo, el que no atiende a razones ni requerimientos formales, por un universo paralelo donde cada uno es lo que realmente es.

Y allí me encontré a ese José Antonio, desnudo del disfraz tan feo que le conformó el franquismo y alejado del corsé que la familia, la política y la sociedad le habían colocado. Y encontré a ese hombre queriendo justificar la hornadez de un padre demasiado español. Demasiado militar. Demasiado espadón.

¿Por qué los hijos nos creemos obligados a responsabilizarnos de los padres? Como decía aquel pasaje de la Biblia, ¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?

Yo me niego a responsabilizarme de nada de lo que no sea responsable y no creo ser responsable de nada de lo puedan mis enemigos responsabilizarme...Que diría un político español universal, de todos los tiempos, de hoy, perseguido por la conciencia de una juventud cuyo futuro ha sido quemado por una clase nueva de mangantes sin escrúpulos, sentados en escaños rojos y azules (No me extraña que odie al Barcelona) y vestidos con chaquetas de postín.

En esas llegó mi amigo Javier con un soberbio entrecot al cava. Pero sin gota de cava, con burbujas castellanas, nos dijo muy serio. Que yo no tengo nada catalán.

La risa se me torció pensando en mi querida España, maravillosa en su diversidad, con sus mil culturas y paisajes. Mil sonrisas y abrazos, todas ellas ensuciadas por este paripé mal vestido de política y nacionalismo. De un país de cavas y quesos, vinos y viandas, gracias, grácies y eskerrik asko, a este cenagal con analfabetos senadores necesitados de intérpretes que les traduzcan lo que cientos de miles de personas gritan desde las plazas de todas las ciudades: no os necesitamos.

En esas apareció Nico con el postre. Una macedonia fresquísima que nadaba en chocolate templado. Mis ojos se abrieron a la vida de nuevo y degusté aquel manjar pensando que cada bocado que daba era un pedacito de esperanza.

Con o sin cava, Javi es el mejor.

lunes, 16 de mayo de 2011

PERSONAJES PARA ENTENDER UNA GUERRA




El próximo viernes tendremos la suerte de poder escuchar al Profesor Doctor D. Julio Gil-Pecharromán hablando sobre José Antonio Primo de Rivera, uno de los personajes menos conocidos del periodo tardorrepublicano y de la Guerra Civil, a pesar de que todo el mundo, incluso hoy, conoce su nombre.




Una oportunidad única para atravesar ese mito creado durante el franquismo y llegar al conocimiento de un hombre y sus circunstancias, que diría Ortega y Gasset.


sábado, 7 de mayo de 2011

Entre Negrín y Enrique Moradiellos, una sobremesa con tarta de queso y piñones

En una mesa cuadrada, de ocho asientos para seis personas, desgranamos un maravilloso menú con el soliloquio asombroso en su erudición del gran maestro Enrique Moradiellos. Caminamos entre lubinas y negrines alejándonos del colesterol, la grasa y los prietistas, con ese hablar tan convincente que posee Enrique Moradiellos, un tanto hipnotizador con ese no-sé-qué asturiano, que no permitió que habláramos demasiado.

Y mientras Enrique nos enseñaba, entre vino y pan, jamón y croqueta, me imaginaba yo lo difícil que es ser reconocido en tu país; lo duro que es el odio de tus enemigos y lo doloroso que llega a ser el desprecio de los, antaño, amigos.

Y su maledicencia.

Que todo se estropea, decía mi abuela María, hasta la hermosura. Y yo pienso que lo más hermoso que se pierde es la amistad cuando está mal cocinada. Cuando uno cree en ella y el otro, no. Que la amistad y el amor son vinos que hay que cuidar con constancia y dedicación.

¡Lástima que el vino de Negrín lo avinagrara Prieto!

Ese punto de triseza percibí en las palabras de Enrique Moradiellos cuando se refería a la amistad perdida, quizás recordando el inexplicabe camino que una mente preclara como la suya ha tenido que recorrer en esta vida académica, a veces plagada de esas orsinis que tanto fascinan a los maestros Herrerín y Avilés.

Y entonces miré mi reflejo en una ventana de la calle del Rey, camino ya de los Baños de Diana.


Sonreí.

La vida no es más dura que el caminar, que dirían Tolkien y Machado, es la forma de andar lo que nos duele.

Bendito Moradiellos, lo que he aprendido en unas horas contigo.

Y tú tambien, mi querido Ángel. Mira que no querer probar la maravillosa tarta de queso de Manolo en el Bar Madrid. Menos mal que recapacitaste.


Nada peor que perderse el dulzor del queso y la suave amargura del piñón atemperando el triste sino del gran Juan Negrín.

lunes, 2 de mayo de 2011

PERSONAJES PARA ENTENDER UNA GUERRA

El próximo viernes, siguiendo el maravilloso programa del Simposio 75º Aniversario del Inicio de la Guerra Civil Española, tendremos la fortuna de poder recibir al prestigioso Catedrático de la Universidad de Extremadura, D. Enrique Moradiellos, quien nos hablará de Juan Negrín. Personaje capital para comprender la historia de la Guerra Civil Española, también se ha convertido en un paradigma de difícil comprensión. Denostado por los socialistas al finalizar la guerra, admirado por muchos, este excesivo personaje, de carisma innegable, ha merecido una profunda revisión en los últimos años, revisión llevada a cabo, principalmente, por el Maestro Enrique Moradiellos.

Como en todo el Simposio, el acceso es gratuito. Os esperamos a todos cuantos os queráis acercar al Real Sitio, a las 18:30, en el salón Siglo XXI del Ayuntamiento.


miércoles, 27 de abril de 2011

Presentación del libro ANARQUÍA, DINAMITA Y REVOLUCIÓN SOCIAL



El próximo 4 de mayo, en el Centre Cultural Blanquerna, será presentado el último libro del profesor Ángel Herrerín López, Anarquía, Dinamita y Revolución Social. Junto al autor, estarán el Maestro Juan Avilés y el profesor de la Univesidad Carlos III, Eduardo González Calleja. Es una oportunidad especial para charlar acerca de la sociedad española del cambio de siglo y comprender el paso del anarquismo por nuestro país, desde su llegada a mediados del XIX hasta la aparición de la CNT. Desde las rebeliones campesinas andaluzas hasta las tormentas de bombas en Barcelona, pasando por la terrible represión indiscriminada de los corruptos gobiernos de la Restauración. De las jornadas de Jeréz, al atentado de la Calle de Cambios Nuevos; de la masacre del Liceo a la no menos sangrienta de la boda de Alfonso XIII. Entre bombas y cuchillos, dinamita y Orsinis, el gran historiador del anarquismo que es Ángel Herrerín reflexiona acerca del terrorismo, de la lucha política y social, de la violencia y de la acción colectiva frente a la individual, de los hombres de acción y de los sindicatos, de los líderes políticos y de las políticas sin líder, haciendo, en definitiva, un retrato social y político del caldo de cultivo sobre el que malgerminó la II República.


Indispensable.

sábado, 16 de abril de 2011

La memoria de los padres, José Andrés Rojo y el ponche segoviano

Caminando por los jardines del Real Sitio, entre reinas frondosas y reyes despelujados, iba charlando conmigo José Andrés Rojo sobre los recuerdos de su abuelo, el gran estratega Vicente Rojo. Hablábamos sobre el recuerdo de los abuelos y eso que los psicólogos llaman nietos de la guerra. Lo que yo soy, recalcaba José Andrés. Cansado de escuchar que el abuelo había sido un hombre que cumplió con su deber, decidí saber en qué había consistido su deber. Y preguntó a sus tíos y tías, hijos del General Rojo, y se encontró con el hermetismo de los hijos, de los hijos de la guerra. Recorriendo la calle de Valsaín, que conecta el Patio de Honor con la bulliciosa fuente de Los Baños de Diana, José Andrés llegó a una curiosa conclusión: llegué al convencimiento de que tenía que escribir sobre mi abuelo, pero siempre desde el respeto a sus hijos, mis padres, mís tíos. Ellos habían sufrido el destino de mi abuelo y ellos habían decidido, cuando llegó el momento de las reivindicaciones, seguir hacia delante, hacia una democracia. Entre olvido y futuro, ya sabes qué decidieron. José Andrés calló justo cuando alcanzábamos en el regreso el Patio de Honor. Honrarás a tus padres, repitió mi inconsciente. Ironías de charlar sobre un republicano católico y militar español. Ironía que siguiera siéndolo, cuando había visto morir la Republica, convertirse su ejército en lo que más detestaba y que la iglesia católica española daba la mano a un regimen cainita. Menos mal que me acordé del ponche segoviano que nos habían puesto de colofón coquinario Belén y Ricardo en el Bar Segovia. En su origen, se llamaba pastel ruso y era típico de Madrid. Un pastelero se vino a Segovia, a finales del XIX, y se le ocurrió quemar el azúcar glaseado. ¡Menudo Invento! Todos asintieron y me dieron la razón. Hasta Ángel Herrerín, que detesta los dulces. Afortunadamente nos quedan los dulces para terminar las comidas. ¡Qué gran ponche, Ricardo! ¡Qué pena que seas del Barcelona, amigo mío! En fin. Nadie es perfecto.