sábado, 25 de octubre de 2008

TRISTE SAAYI


Triste Saayi, mira absorto pero nada ve. Demasiadas páginas caen sobre su pensamiento. No tiene fuerzas. Quiere, de verdad. Demasiadas páginas. Tantos años vagando por el mundo. Tantas vidas consumidas. ¿Para qué? ¿Nadie quiere saber? ¿Tan poco interesa la experiencia? ¡Pero si él lo vio todo! ¿Tan lamentables somos? ¿Tan superficiales? Siglos de existencia recorriendo el mundo conocido. Ciudades, reinos, pueblos... Nada parece importar. Sólo miramos los que ponen frente a nuestras narices. Pasamos frente a él y nada hacemos. Su rojo rostro no llama la atención. Un día Saayi se rebela. Empuja con todas sus fuerzas. Nada consigue. Se gira y grita a sus amigos:

¡Martos, aquí! ¡Giovanni, por tu juramento ancestral!

El almogávar, fiel a sus principios, arrima el hombro. El noble italiano, orgulloso, tirante, pendenciero, duda al principio mas, en un instante, caen sus prejuicios y ayuda a sus compañeros.
Nada. No se mueve.

Oona, delicada y sutil, de espaldas, mira ligeramente por encima de su hombro la escena. Sonríe.

¿Dónde esta el orgullo de Francia? ¿Y el de Aragón?

Bertrand chasquea la lengua. No se molesta en contestar. ¿Cuando descubrirán que hay más fuerza en la mente de un niño que en todos los brazos del mundo? Louis d'Albi menea la cabeza disgustado. ¡Malditos refinamientos! Corre y, con la fuerza de un titán, se suma a los amigos.

Triste Saayi grita emocionado. ¡Se mueve! ¡Al fin!

¡Puedo ver una luz! Alborozado se regocija Conon de Béthune.

Las páginas se mueven. Es cierto. La cubierta se arquea levemente. Un sonido embriagador escapa de los renglones impresos.

A nadie parece importarle.

¿Seguro?

Alguien mira sorprendido aquel libro. Está en el estante inferior. Tiene algo de polvo. Se dirige lentamente hasta allí. Coge con su mano derecha el ejemplar. Pasa suavemente la palma de su mano izquierda por la portada. Tuerce un poco la boca. No le gusta demasiado ese rojo estridente. Abre el libro y observa la primera página.

La canción de Saayi.

Respira profundamente y cierra el libro. Levanta la vista. ¿Por qué no? Belén da la vuelta y camina hacia Herminio, el librero. El libro en la mano. Lo coloca sobre el mostrador. Herminio conoce la historia. Sonrie feliz. Guiña el ojo a la portada.

Los gritos de los personajes son imperceptibles pero no me cabe duda de que existen. Y esta vez son de felicidad. Van a vivir. Van a viajar otra vez. Belén será su compañera.

Quizás hoy lleguen hasta el final.

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