miércoles, 13 de octubre de 2010

En la Costiña de Canedo





Después de varios kilómetros perdidos entre autovías, enlaces, ramales y trozos de la carretera a Vigo, N-120, encontramos nuestro primer mojón testigo del camino, hermoso y pétreo como todos los que hallaríamos hasta San Cristovo de Cea.




Perdimos el camino en Quintela de Arriba durante diez minutos y lo arreglamos comiéndonos seis higos maravillosos que pendían abiertos por la lluvia. Deshicimos el camino por la citada nacional 120 y llegamos a la verdadera Quintela, aquella que aparecía en nuestro plan de ruta, y nos encaminamos a los doscientos metros de cuesta que nos había recomendado el alberguero.


¿Doscientos metros de subida?


La maldita Costiña de Canedo tiene dos kilómetros, dos mil metros, veinte mil decímetros o doscientos mil centímetros. Quizás el alberguero nos hablaba en centímetros....




La media de ascención es del 13%. El primer tramo es al 16% y el último supera el 20%.





Subiendo como caracoles, achepados por las mochilas, clavando los bastones en el áspero asfalto, me iba yo acordando del alberguero y de su guasa. No sé el tiempo que tardamos en coronar aquella pesadilla. Sí recuerdo que en la cima da costa, junto a una fuente de agua fresca -o eso me pareció-, encontramos un mojón que marcaba 99 km. hasta Santiago de Compostela.

Muy edificante.

Juan me recordaba que la cuesta de Barrosfuerte era peor o aquella por la que me llevó para subir a la fuente del Chotete, camino de Dos Cabañas, en el pinar de Valsaín. Uno que es desmemoriado para lo desagradable, no encontraba parangón con aquello más allá del maldito infierno.

No me olvidaré nunca de la Costiña de Canedo. Ni del alberguero de Orense. El día que le pille...

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