sábado, 16 de octubre de 2010

¿Por qué seguimos?




Salimos del Ateneo en O Reino encantados por el trato recibido, por las viandas y por el descanso. Desgraciadamente, iniciamos la marcha bajo el agua fría y constante del temporal gallego. Más de dos horas caminamos bajo las agobiantes y abrasadoras capas de lluvia. Ascendimos el empinado alto de San Martiño y descendimos suavemente hasta Crastro de Dozón. Allí, empapado, ahogado por la capa, roto por el esfuerzo, uno se preguntaba porqué seguíamos caminando.




¿Qué empuja al peregrino a seguir? Nos llueve, nos helamos o nos asfixiamos. Los pies llenos de ampollas. Horas seguidas sin comer o beber. Sin ver a nadie. Sin hablar. ¿Qué tiene este reto? ¿Por qué seguimos?




La llegada a Castro de Dozón coincidió con la ruptura de las nubes y mi mente se alegró tanto de dejar atrás la lluvia, que olvidé durante unas horas mis cuitas.




Quizá, al finalizar el día pudiera ser que encontrara alguna respuesta. Al menos, querría encontrar un lugar seco y caliente donde comer y descansar. O sólo comer. O sólo descansar.

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